
Quinta Estación: Jesús es juzgado por Pilatos.
Un hombre sin culpa alguna está ante Pilatos.
La ley y el derecho lo dejan al albitrio de un poder totalitario
que busca el consenso de la muchedumbre.
En un mundo injusto, el justo acaba siendo rechazado y condenado.
Viva el homicida, muera el que da la vida.
Si liberas a Barrabás, el bandolero llamado "hijo del Padre",
se crucifique al que ha revelado al Padre
y es el verdadero Hijo del Padre.
Otros, no Jesús, son los hostigadores del pueblo.
Otros, no Jesús, han hecho lo que está mal a los ojos de Dios.
Pero el poder teme por su propia autoridad,
renuncia a la autoridad que le viene de hacer lo que es justo,
y abdica.
Pilatos, la autoridad que tiene poder de vida y muerte,
Pilatos, que no titubeó en ahogar en la sangre
los focos de la revuelta (Lc 13, 1)
Pilatos, que gobernaba con puño de hierro
aquella oscura provincia del imperio, soñando poderres más vastos,
abdica,
entrega a un inocente, y con ello la propia autoridad,
a una muchedumbre vociferante.
El que en el silencio se entregó a la voluntad del Padre
es de este modo abandonado a la voluntad de quien grita más fuerte.