Muy estimadas señoritas Consagradas:
Ayer tuvimos la muy grata y tal vez esperada (pero no por eso deja de ser
triste), gran noticia que nuestra hija ha decidido Consagrarse al Señor.
Estamos tremendamente contentos por ella, pero a la vez tristes por lo que
significa que se nos va ya definitivamente. Estos 10 meses de preparación
en el Centro Estudiantil también lo ha sido para nosotros, que como familia
hemos podido ir viéndola cada vez más preparada y decidida para
tomar esta opción bien meditada, que no nos cabe duda que será por su bien y
por la Iglesia a quien decimos amar y respetar, pero que cuesta dar estos
pasos maravillosos por tantas pequeñeces y mezquindades de la vida diaria.
Confiamos en el Señor y en los instrumentos de que Él se vale para sus
objetivos, por lo que no podemos más que agradecerles a Uds. el haberla
acogido con cariño, recibido y guiado en esta opción de vida Consagrada.
Ha sido un gusto y alegría enorme haber tenido el placer de conocerlas a
Uds., siempre contentas, lo que nos reconforta porque entendemos que esa
será la vida de nuestra hija, donde le toque estar.
Que Dios las bendiga.
Muy querida familia:
Entiendo perfectamente sus sentimientos. Ha llegado el momento de la VERDAD.
Dios se ha puesto delante de vuestra hija, más bien en el fondo de su alma para
pedirle que le siga y sea de El, sólo de El. Ella generosamente le ha dicho
que a pesar de lo que supone para ella de desprendimiento, de dolor humano,
de desapego de los suyos, quiere hacer Su Voluntad y seguir el camino d amor
y felicidad trazado desde toda la eternidad para ella. NO se olviden que las
vocaciones nacen en familias como la de ustedes, llenas de felicidad, de
deseos profundos de hacer lo que Dios quiere, de una sana preocupación por
cada uno, etc. Soy yo la que tengo que agradecer y felicitarles por esta
hija que tienen y por los que le quedan. Felicidades por haber sido siempre
camino seguro para ellos, felicidades por haber sido testimonio de Cristo,
pues las predicaciones, las palabras ayudan ,no lo dudo, pero los
testimonios y los ejemplos vivos ARRASTRAN.
Un abrazo y cuenten siempre, ahora y después con nuestras oraciones y
presencia. ¡Aquí tienen sus hijas!