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Te presento a Luis

  

            Hace tiempo participé en el sepelio de un adolescente que murió al volante de su automóvil. De tiempo atrás, había tomado la afición de juntarse en la noche con sus amigos y, ya con unas cuantas copas encima, les daba por hacer apuestas verdaderamente temerarias con el afán, probablemente, de probar su hombría. La de aquella noche había consistido en recorrer 20 cuadras de una de las arterias que cruzaban la ciudad sin levantar el pie del acelerador. Una especie de ruleta rusa. En una de las esquinas había quedado la vida de este joven, su copiloto y la del taxista que, viendo su semáforo en verde, cruzaba confiado la arteria en cuestión y fue embestido sin remedio.

En los sepelios, y más cuando se trata de casos dramáticos como éste, no sabemos qué decir y recurrimos a frases hechas que nos saquen del apuro y rompan el silencio que agobia. Aquel sepelio no fue la excepción y una señora amiga de la familia comentó a los que estábamos cerca: Quien lo iba a pensar. Pero ya se sabe, la muerte no avisa. La verdad es que no me gustó la frase. Sentimos la vida como un cajón de sorpresas. Aturdidos un poco por la rutina de todos los días no nos damos cuenta de que poco a poco vamos fraguando los acontecimientos que después calificaremos de sorpresas. Normalmente todo lo que pasa en nuestras vidas es el fruto natural de la semilla que hemos ido sembrando con nuestras actitudes, acciones y opciones. Frecuentemente nos lamentamos de que las cosas no han salido como hubiéramos querido, pero en el fondo de nuestro corazón sabemos el fruto que vamos a cosechar porque sabemos la semilla que hemos sembrado.

Quizá con tanta película y telenovela en las que las cosas más fantásticas le suceden casi por arte de magia a personas tan comunes como tú o yo, en las que los anhelos más fabulosos se cumplen de forma aparentemente muy fácil, nos hacen pensar que la vida real es así. No, no es así. En la vida real sólo cosecharemos plenitud y algo que al final nos deje realmente satisfechos si sembramos amor, entrega, fidelidad a unos principios grandes y sólidos, disciplina y capacidad de sacrificio, perseverancia.

¡Que hermoso es llegar al final y poder decir: mereció la pena! Ojalá que todos nosotros, en el último momento, podamos estar tan satisfechos de ser lo que hemos sido y como hemos sido que, si tuviéramos una segunda oportunidad de vivir, eligiéramos repetir nuestra vida paso por paso.

Cuando nos topamos con gente que llega al final en esas condiciones nos da envidia de la sana (que en ese caso no es envidia sino ganas de imitar un ejemplo). Normalmente, personas así, no suelen ser noticia, pero hay tantas ...

Esta es la historia de un joven que quiso vivir las exigencias del amor; una vida que se encontró con el amor y no lo quiso perder. Una trama que quizá se va haciendo poco común en nuestros días porque el precio del amor es siempre alto y quien quiera conquistarlo deberá luchar contra estos aires nuestros tan modernos que te gritan: busca lo más fácil, lo más cómodo. No es la historia de mi vida, sino la de un amigo y del último año que pasamos juntos.

Las palabras siempre son pobres cuando uno quiere expresar tantas emociones, alegrías, tristezas, luchas. Si no es fácil escribir desde el fondo de uno mismo, es mucho menos fácil hacerlo desde el fondo de un alma amiga aunque se haya compartido con ella la vida. Ya se sabe que en el tintero de tu corazón tienen que quedar por fuerza muchas cosas que las simples palabras nunca alcanzarán a sacar de ahí.

Estas páginas son el relato de un corazón real. Un corazón al que, como en cada vida humana, se le cruzaron en el camino el amor y la grandeza y no quiso dejarlos escapar. El relato inventa nombres, lugares y algunos personajes, pero el corazón protagonista es real. Como él hay muchos otros que nos motivan con su ejemplo a no dejarnos engullir por la mediocridad, y nos gritan con su vida: ¡merece la pena el amor!. Va el recuerdo de un gran amigo que me enseñó con su testimonio lo que realmente es importante en la vida.

 

 

 

 

 

                                                                                                                                                                                                       
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Un apostolado de los Legionarios de Cristo y del Movimiento Regnum Christi al servicio de la Iglesia.

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