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Y si lo vieras claro, ¿qué harías?
Maria Ignacia Ureta
"Siempre quise escuchar de Jesucristo: María Ignacia, tú no tienes vocación. Busqué siempre esa respuesta. Me hice la tonta, la que no veía, la que no escuchaba, la que no sabía, la que Dios no le pedía nada ni decía nada".

"La felicidad, seguridad, paz y tranquilidad que siento ahora, sólo puede vivirla alguien que está cumpliendo la voluntad de Dios". Ampliar imagen
28 de febrero de 2001 Queridísimos papás: ¡¡Hola!! ¿cómo les ha ido?.....¿cómo les fue en las vacaciones? Eso como que no hay que preguntarlo porque es obvio que les fue increíble ¿o no? Yo aquí acordándome demasiado de todos ustedes y queriendo escribirles desde hace tiempo para poder contarles lo que estoy haciendo. ¿Ustedes se han acordado de mí? Eso espero, porque si no..., no saben lo que les puede pasar ja, ja, ja..... es broma. Les pido que recen mucho por mí para que sea fiel a la misión que Dios me ha dado en mi vida y por eso les estoy escribiendo, para contarles cuál es esa misión que Dios me ha encomendado. En México D.F estuve organizando todo el programa de trabajo para las 80 colaboradoras ECYD para este verano 2001 (nuestro invierno: junio, julio y agosto). La verdad es que estuvo bien agotador, pero qué mejor que gastar todas nuestras fuerzas por amor a Cristo ¿verdad? También me tocó dar clases de religión a niñitas de 4°básico, di dos clases, en la primera, me fue increíble, pero en la segunda se portaron pésimo. Esta carta es para contarles la verdadera MISIÓN que JESUCRISTO me está invitando a seguir. He descubierto que Dios me ha llamado a seguirle, a amarle con todo mi corazón, con toda mi inteligencia, con toda mi voluntad, con toda mi mente y con toda mis fuerzas, para glorificarle a Él y para salvar muchas almas para su Reino. A lo mejor ustedes van a pensar que todo esto es una locura, o que todo está pasando muy rápido. Pero no. ¿ Saben? Ahora les voy a contar en pocas palabras como fue todo. Estuve engañándome durante casi tres años; y para contarles desde el principio, les escribo un pedazo de una carta
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de Nuestro Padre fundador que leí de un libro "Y dejando las redes le siguieron". Es lo que coincide exactamente con la historia de mi vocación. "Una mirada, una sonrisa, un paso hacia la entrega; después temores, repliegues, deseo de olvidar, egoísmo, y .... una nueva invitación, nada de exigencias absolutas... ; y el ejemplo de tantas almas generosas le lleva nuevamente a la reflexión, esta vez más profunda, más lenta, hasta que por fin rompe usted con su sensibilidad, con su ambiente, con sus cosas, con su egoísmo. Y Dios se le manifiesta con claridad absoluta, exige todo su ser, no solamente un rincón en los recuerdos de su alma. Le pide toda su inteligencia, toda su voluntad, toda su vida para hacerlo copartícipe de su consagración eterna y parte activa en la redención de la humanidad". Así fue, y desde lo más profundo de mi corazón me arrepiento muchísimo de haber perdido tanto el tiempo y de haber sido tan egoísta cuando llegué a Chile de vuelta de mis meses como Colaboradora Ecyd en Barcelona, porque fue ahí el primer llamado. Fue ahí donde experimenté un amor tan grande de Jesucristo que me llevó a dar un paso mayor en mi entrega, porque me fui de Barcelona queriendo consagrarme. Y sólo por esa simple mirada y esa sonrisa que Él me mostró, que Él me regaló, que Él puso en mi corazón. Pero llegué a Chile y todo se fue para abajo, nunca más quise plantearme el tema. Me dediqué siempre a hacerles ver a todos que yo no tenía vocación. Me quise engañar a mi misma pensando que lo que yo había visto como un llamado a dejarlo todo por Él, había sido sólo un "sentimiento pasajero". Ahí entraron los temores, las ganas de olvidarlo todo, me envolvió por completa el egoísmo que no me dejaba ni verlo ni escucharlo claramente. ¡Qué angustia más grande, que insatisfacción más grande, que infelicidad más grande!!! Yo siempre quise ver, escuchar y sentir cuál era la voluntad de Dios en mi vida, pero a la vez nunca quise aceptar que yo sí tenía vocación. Escuchaba, veía y sentía lo que yo quería ver, escuchar y sentir. ¿Me entienden? Siempre quise escuchar de Jesucristo: "María Ignacia, tú no tienes ocación". Busqué siempre esa respuesta. Me hice la tonta, la que no veía, la que no escuchaba, la que no sabía, la que Dios no le pedía nada ni decía nada. Durante casi 3 años me dediqué a darle la espalda a quien se hizo HOMBRE para sufrir por mí, al que dejó que le HUMILLARAN con horribles ofensas por mí, al que dio su espalda para que le AZOTARAN por mí, al que dio su CABEZA para que le enterraran esa corona de espinas por mí, al que MURIO en la cruz por mí, al que lo entregó TODO por AMOR a mí. Para resolver esta incertidumbre, me fui en junio pasado a ejercicios espirituales. Fui sin ganas, pero fui para descubrir lo que Dios quería para mí. Los tres primeros días yo seguía igual: cero profundidad en mi oración. Lo único que hacía era escuchar las charlas del padre Vicente, leer en los tiempos libres, comer y dormir. Pero yo había llegado con una idea en la cabeza y no podía salir de los ejercicios espirituales sin cerrar el tema de la vocación (esto demuestra que siempre supe que SÍ la tenía ¿se dan cuenta?). Entonces me fui a la capilla en la noche del tercer día y fue ahí donde mi vida se dio vuelta por completo: "de negro a blanco". Dios entró a mi corazón, lo tocó, lo transformó, lo cambió... y empecé a vivir mi vida de otra manera. Estaba feliz porque al fin ya había logrado sacar una parte de esa pared que le había puesto a Dios ante la vocación; pero a la vez seguía engañándome, porque seguía queriendo que Dios me llamara a una entrega mayor, pero no a la consagración total de mi vida. En diciembre pasado partimos a Roma al término del Jubileo, al cierre de la Puerta Santa y a la celebración del LX aniversario de la fundación del Movimiento. Para mí ver a todas las señoritas consagradas (700) y ver a todos los Legionarios juntos en la audiencia con el Papa en la plaza del Vaticano el día 4 de enero, me movió tanto el corazón que me hicieron volver a reflexionar sobre la vocación. No puedo dejar de lado el ejemplo de mi hermana Berni y de Maca Vargas, que habiendo consagrado su vida, siempre estuvieron tan decididas a seguir a Cristo desde el primer momento en que Él se los pidió. Luego tú, papá, junto con la Berni me llevaron para hacer mi cursillo de colaboradora. De nuevo ahí el testimonio de las consagradas me hizo definitivamente ponerme enfrente de Jesucristo y pensar de una manera más profunda en lo que yo estaba haciendo con mi vida en relación con los planes de Dios. Fue en la capilla, donde después de preguntarme: "Y si lo vieras claro, ¿qué harías?", pude romper con todas mis dudas, todos mis miedos y principalmente con mi egoísmo y entregarle un "sí" completo, como el de María en la Anunciación. Un "sí" generoso, alegre y sencillo. Dios me habló claramente. Me pedía toda mi vida y no sólo un año. Me invitó a dejarlo TODO y seguirle por AMOR a Él y para salvar almas. No saben lo feliz que puedo llegar a estar. Es imposible expresar lo que siento, tampoco puedo explicarlo con mis palabras. Sólo les puedo decir que la felicidad, seguridad, paz y tranquilidad que siento ahora, sólo alguien que está haciendo la voluntad de Dios, que está cumpliendo con los planes de Cristo en su vida puede sentirla ¿me entienden?. Estoy tan segura que lo que estoy haciendo es lo que Dios quiere para mí, que no dejo de darle gracias a Él, por haber sido tan paciente conmigo, por haberme aguantado tanto tiempo, por haberme dado tantas oportunidades, por haber puesto en mi camino a todas esas almas generosas que hicieron que me decidiera y que me llevaron a quererlo tanto ( Mónica T, Luly C, Anita S, etc. ....) como para llegar a darle mi vida completa a Él. Empezando por la familia que Él me dio, por ustedes, que lo han dado todo también para que yo pudiera hacer todas estas cosas, para que pudiera ir a todos esos lugares que fueron transformando mi alma, mi vida. Ustedes han sido la clave para que yo pudiera decidirme, ya que si no hubiera sido por su ayuda, por su apoyo sin condiciones en todo y también por el testimonio que me dieron cuando vi su reacción frente a la vocación de Berni, su generosidad, que de todas maneras Dios se va a encargar de premiar y eso ustedes lo saben muy bien, es probable que yo no estaría aquí. Bueno, ojalá me hayan entendido porque me costó super harto redactarles esto. Lo he cambiado mil veces para poder explicarlo lo mejor posible. Les pido que recen mucho por mí, para que sea fiel a esta Misión que Dios me ha encomendado, recen mucho para que mi corazón crezca cada día más con un AMOR más generoso, más sincero y que no se acabe nunca. Que cada día sea más apasionado, sin límites, celoso y loco; capaz de hacer cualquier cosa por el AMADO. Como dice una frase preciosa que creo es de Nuestro Padre: "Lo único que vale la pena en la vida, es amar a Cristo con locura". Un beso y un abrazo gigante, cuídense mucho.¡¡¡¡ LOS QUIERO MUCHO!!!!! María Ignacia

(26 de junio de 2001)
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¿Qué es esto?...

Un apostolado de los Legionarios de Cristo y del Movimiento Regnum Christi al servicio de la Iglesia.

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