
Una respuesta que irá ocupando toda tu vida.
"Tú tienes que seguir tu camino, no para retribuir o agradecer con eso ni a mí ni
a tu mamá, sino para responder al llamado que Dios te ha hecho, una respuesta
que
irá ocupando toda tu vida".
23 de marzo de 1992
Querido Douglas:
Recibí tu carta, esa en que no sabías qué poner. Pero lo hiciste y te explicaste bastante bien. Ahora el problema es mío: cómo decirte lo que realmente siento, específicamente en relación con la vocación a la vida religiosa en la Legión que dices tener, al llamado que Dios te ha hecho y a tu decisión de recorrer un camino que vislumbras como propio.
Los de mi profesión civil estamos acostumbrados a ver las cosas desde distintos puntos de vista. A veces el más insólito de esos ángulos da la clave de una solución que antes no se veía. Esto te lo digo porque una vocación sacerdotal es un llamado maravilloso a lo más alto, el mejor de los caminos; pero también es, para los hombros humanos, una pesada carga.
No son muchos los sacerdotes que he conocido. Los colegios en que estudié tenían clases de religión, pero eran fundamentalmente laicos; fue en la universidad donde me topé con la mayor parte de los sacerdotes que he conocido. El director de la Escuela de Derecho era un sacerdote de los Sagrados Corazones, el R.P. Eduardo Lobos, al que todos conocíamos como "el Choco". Recuerdo ahora al P. Lobos porque cuando falleció, el 10 de octubre de 1963, se encontró, escrito de su puño y letra, un texto de Lacordaire que conservaba junto a su cama. Este texto dice así:
"Vivir en el mundo sin desear sus placeres, Ser miembros de todas las familias sin pertenecer a ninguna. Compartir todos los sufrimientos, penetrar todos los secretos, curar todas las heridas. Ir de los hombres a Dios y ofrecerle sus oraciones. Volver de Dios a los hombres trayendo el perdón y la esperanza.
Tener un corazón de fuego para la caridad y un corazón de bronce para la castidad.
Enseñar y perdonar, bendecir y consolar siempre. ¡Dios mío, qué vida! Y esta es tu vida, oh sacerdote de Jesucristo".
Es una gran vida y al mismo tiempo una pesada cruz. Pero el que no carga su cruz para seguirlo, no puede ser discípulo de Jesucristo. Esto vale para todos, no sólo para los sacerdotes.
Pero el peso de esta cruz es una consideración solamente humana, y desde este punto de vista, que no puedo evitar, me preocupas y me inquietas, porque tampoco puedo evitar seguirte viendo como el "niñote" pecoso y regalón que siempre he tenido junto a mi lado. Es cierto que has crecido, impresionantemente, y habrás dejado de ser un niño para todos, pero no para mí.
Es una preocupación solamente humana, puesto que si el yugo y la carga que llevamos es la de Jesucristo, entonces tenemos su promesa de que su yugo es bueno y su carga es ligera. Lo que parece imposible para los hombres, no es imposible para Dios, porque para Dios todo es posible. De este modo, en unión con Dios, asumiendo la carga de Jesucristo, la carga que Jesucristo quiere que asumamos, todo es posible, todos los caminos son transitables, y el camino más maravilloso para los hombres es, sin duda, el del sacerdocio.
Cuando pienso así, dejo de inquietarme por mi niñote y te acompaño con mis modestas oraciones (ya sabes que la modestia es una de mis debilidades) para que tengas el necesario apoyo divino en el camino que has escogido -o que fue escogido para ti. Quiera Dios que lo sigas y que encuentres en ese camino la felicidad, en este mundo y en el otro.
No ha sido esta una carta muy noticiosa, pero prefiero dejarla así. Tampoco tiene la claridad de la tuya y más parece un traje de arlequín, de cuadros blancos y negros. Será porque mi camino ha sido distinto y mi pensamiento -como decía Shakespeare- es esclavo de la vida, tiranizada por el tiempo. Lo que importa, cualquiera haya sido nuestro particular camino, cuando el tiempo deba detenerse, al final de la vida, como dijo el P. Maciel, es lo que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.
Tú tienes que seguir tu camino, no para retribuir o agradecer con eso ni a mí ni a tu mamá, sino para responder al llamado que se te ha hecho, una respuesta que irá ocupando toda tu vida. Tienes que descubrir por ti mismo cuál es ese camino; si es el sacerdocio, al que ya te empiezas a aproximar con tu noviciado, estaremos contentos, por ti y por nosotros; si apareciera que tu camino es otro, también. Porque lo que importa -volviendo al P.Maciel- es lo que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos, en el lugar en que el mismo Dios haya querido ponernos, cualquiera que sea.
Espero enviarte una carta noticiosa en otra ocasión. Tu papá que te quiere,
Maurice
Valparaíso (Chile)