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La Sábana Santa
El misterio de la Bondad de Dios.

 

 

«De frente a la Sábana Santa es difícil permanecer indiferente. Ese rostro, en efecto, habla a la inteligencia y al corazón. Habla a quien cree, a quien está en búsqueda y también a quien no cree. La Síndone es el misterioso y conmovente testimonio de la bondad infinita de Dios, que a través del sufrimiento sobrehumano de su Hijo Amado, ha revelado su amor misericordioso a toda la humanidad».

 

 

Juan Pablo II, Solemne Inicio de la Ostención

de la Sábana Santa durante el Gran Jubileo,

12 de agosto de 2000.

 

 

II. Texto de introducción

 

 

Ni la Iglesia se ha pronunciado sobre ella, ni la fe depende de su autenticidad. Esta es la primera afirmación que se debe tener presente cuando se habla de la Sábana Santa. Es cierto que no todas las reliquias se deben tomar en serio: En el monasterio de San Medardo en Soissons, Francia, se veneraba antiguamente un diente de leche de Jesús niño perdido cuando tenía nueve años. En la catedral de Aachen sus pañales y en otra parte el cordón umbilical[MSOffice1] . En algunas iglesias medievales de Colonia se conservaban restos del pan de la multiplicación para los cinco mil hombres y de los odres de las bodas de Caná, en Viena un pelo de la barba de Jesús, en Vendôme, Francia, una lágrima de las que Jesús derramó en su entrada a Jerusalén y en Valencia hasta una pluma del arcángel San Miguel.

 

Otras reliquias eran más verosímiles, pero por afán de lucro registraron una verdadera inflación: se contabilizaron hasta 36 presuntos clavos, de la cruz de Cristo, dos cabezas de Juan Bautista, docenas de túnicas de Jesús y solamente en las catedrales de España, se exponían más de 53 espinas de la corona de Cristo. Muchas de ellas se veneraban como reliquias por contacto, es decir, según se creía antiguamente, si una réplica más o menos perfecta entraba en contacto con una reliquia original absorbía todo el poder. De todo esto ni la Iglesia se manifiesta, ni la ciencia se interesa.

 

Sin embargo, la Sábana Santa es una reliquia que ha atraído el interés de millones de personas desde el inicio de la era cristiana. Es quizás el más importante objeto de veneración de la cristiandad y el más estudiado de toda la historia de la Iglesia. Una multitud de ciencias han confrontado su espíritu crítico con los testimonios que ofrece este lienzo de lino de más de cuatro metros de largo. Si podemos demostrar su origen con rigor científico, esta reliquia constituirá un auténtico evangelio por las preciosas informaciones que se pueden extraer de ella. De cualquier forma, aún a pesar del escepticismo de los críticos y de los vastos abusos en los que se han visto envueltas las innumerables reliquias conservadas por los fieles católicos, con lo que ya sabemos hasta ahora, la Sábana Santa es, sin lugar a dudas, una reliquia absolutamente de otro género y una valiosa ayuda para comprender más hondamente nuestra fe y valorizar el sacrificio que Cristo realizó por cada uno de nosotros.

 

En esta primera exposición intentaremos ofrecer un base científica suficientemente amplia y sólida para fundar racionalmente los motivos que tenemos para reconocer la Sábana Santa como una reliquia auténtica. No todas las reliquias las podemos aceptar, pero tampoco se pueden rechazar por adelantado, como si sólo se tratara de un conjunto de amuletos de superstición inventados por la piedad popular. Es propio de quien ha alcanzado cierta madurez intelectual fundar sus opiniones sobre motivos suficientes y lo mismo se puede decir de la fe. La fe no es algo en sí mismo irracional. Por ejemplo, nosotros creemos en la existencia de las galaxias del universo. Y sin embargo, ¿cuántos de nosotros hemos podido verificar con nuestros propios ojos su existencia? Lo creemos porque nos fiamos de los testimonios que hemos escuchado de importantes científicos o de las fotografías que hemos visto y nos parece lo suficiente fundada esta opinión para aceptarlo como una cosa cierta. Lo que no parece razonable es ponerse a demostrar que las fotografías están arregladas y a juntar una lista interminable de argumentos para rebatir lo que el sentido común acepta. Argumentos seguramente se podrían encontrar, pero una actitud así no parece sensata ni racional.

 

Algo similar se puede decir de la fe. La fe es creer en algo que no vemos, pero que por motivos razonables podemos sostener y asumir como una verdad fundada. No se trata de creer sólo aquello que es razonable, de otro modo tendríamos que rechazar todos los dogmas de la fe cristiana, partiendo por la Santísima Trinidad y la Encarnación. La fe en este sentido va más allá de la razón y aquellos dogmas que nos han sido revelados por el mismo Cristo, los creemos porque su palabra es digna de confianza y Dios no se puede equivocar ni mentir. Pero desde la fe podemos descender a la razón y buscar razones para creer. Ese tipo de razones son las que buscaremos ahora para afirmar la autenticidad de la Sábana Santa, al menos hasta donde sabemos ahora. Ciertamente ningún dogma estará en juego si la sábana no resulta auténtica, pero si esta tela de nos ayuda a profundizar en nuestra fe y a vivirla más intensamente, es legítimo y conveniente investigar con libertad interior y diligente respeto a la metodología científica. Lo irracional, lo ilógico es la duda total.

 

 

III. Resumen de las pruebas

 

La conferencia se puede articular en torno a seis pruebas fundamentales:

 

A. Historicidad de la Sábana Santa

 

En esta primera parte, se hace un análisis histórico del recorrido de la Síndone, al menos hasta donde los documentos actuales nos lo permiten. No se pretende hacer un elenco exhaustivo de dichos documentos, sino sólo mencionar los principales, especialmente aquellos posteriores al s. X que son los que cuentan con mayor apoyo científico.

 

            Existen también numerosos documentos de los primeros diez siglos de historia, que describen la Sábana Santa, relatan acontecimientos significativos en torno a ella, como milagros, conversiones, etc. o testimonian su posesión, reivindicando la verdad en confrontación con otros documentos de la época. Se trata de documentos incompletos, muchas veces de procedencia imprecisa y que mencionan el lienzo sólo indirectamente. En ellos, la verdad histórica se mezcla con la leyenda y es difícil determinar su veracidad. Sin embargo, aunque no podamos determinar dónde estuvo la Sábana Santa, durante los primeros diez siglos, no parece razonable dudar de su existencia dado que numerosas fuentes hablan de ella y hasta contradictoriamente reivindican su posesión. Es decir, se puede discutir si la Sábana Santa estuvo en este o en aquel otro lugar, pero no si de hecho existía y era objeto de veneración por parte de las primeras comunidades cristianas.

 

B. La Palinología

 

            En este segunda parte, se aborda el tema de la datación histórica de la Sábana Santa a partir del estudio, clasificación y comparación de los diversos pólenes existentes en ella. Los asombrosos descubrimientos hechos a la luz de esta ciencia parecen alejar las dudas sobre la autenticidad, fabricación y localización de las zonas geográficas por las que habría pasado la tela.

 

C. La tela

 

            A continuación se describen las características propias de la tela contrastándolas con las usanzas y costumbres judías de la época. También en este análisis las evidentes coincidencias son un testimonio elocuente de la originalidad del lienzo y de las casi insalvables dificultades que tendría que superar un falsificador en el intento de fabricar la imagen reproducida en la tela.

 

D. Una impronta misteriosa

 

            En este apartado, el autor aborda las circunstancias inexplicables con las que se encuentra grabada la figura del  hombre de la sábana santa. En efecto, la misteriosa reproducción parece obra de la más avanzada tecnología moderna y manifiesta propiedades que sólo se comprenden a la luz de las más recientes avances en el tratamiento de imágenes por computadora.

 

E. El Carbono 14

 

            Finalmente se enfrenta el tema de la fallida prueba del carbono 14. Con estricto rigor científico y sin apasionamiento partidista se analizan las causas que imposibilitaron una adecuada datación histórica con este método físico-químico. Las últimas investigaciones realizadas en este campo han demostrado suficientemente las dificultades insalvables que este tipo de reliquias presenta para el uso de esta técnica, dando así por concluidos, casi diez años de discusión y desconcierto, incluso a nivel científico.

 

F. Conclusión

 

            Al terminar el recorrido, debo confesar la imposibilidad de abordar todos los aspectos e investigaciones que se han realizado sobre la Sábana Santa. La bibliografía, así como los nombres de los científicos que de uno u otro modo se han visto involucrados en el estudio de esta reliquia, es tan interminable como también de aspectos muy técnicos y especializados. En estas sencillas reflexiones sólo he querido ofrecer una síntesis de divulgación lo bastante amplia como para hacerla creíble y lo bastante sencilla como para ponerla al alcance del gran público interesado en conocer algo más sobre este importante testimonio histórico de nuestra fe.

 

            Para concluir ofrezco algunas reflexiones útiles para la vida, consecuencia necesaria de la fe que se ha visto fortalecida y renovada. Ser cristiano en el mundo de hoy es mucho más que aparecer en los libros parroquiales de bautismo. Para ser cristiano hoy hace falta valentía y fortaleza. El mundo actual no necesita ya maestros de la fe, sino testigos de la resurrección de Cristo.

 

 

G. Temas de reflexión

 

1.      Más allá de la autenticidad de la Sábana Santa, esta reliquia nos recuerda un aspecto fundamental de nuestra fe: la realidad histórica de Jesús de Nazareth. En efecto, Cristo es mucho más que una doctrina, una tradición, un recuerdo, una filosofía o una teología por más hermosa y profunda que sea. Cristo es una realidad histórica, tiene un nombre Jesús de Nazareth, vivió en una época y en un lugar determinado. Se trata de un hombre real como nosotros, que nos dejó su doctrina, nos confesó su amor y murió en la cruz por salvarnos.

 

Pero este hombre no era solamente un judío más, un fundador de religión como Buda, Mahoma o Confusio, Cristo era algo completamente diverso y original. Jesús de Nazareth, ese judío de la  Galilea, declaró que era Dios. Nadie, antes ni después de Él, hizo una afirmación tan atrevida. Por eso, ante Él nadie puede pasar indiferente: ¿se trata de un loco o de un hecho inaudito y verdadero?

 

Su mensaje, sus milagros, la realización en su vida de todas y cada una de las profecías, pero sobre todo su resurrección nos demostraron la verdad: Dios había roto las barreras del tiempo y del espacio para estar con nosotros. ¡Esta es nuestra fe! Ahora se comprenden con nueva luz las palabras de San Juan en el prefacio de su Evangelio: Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14)

 

Trata de imaginar ese inmenso árbol genealógico, donde tú y yo y cada uno de los hombres constituimos un eslabón, un brote más entre los miles de seres humanos que han existido durante toda la historia y que embellecen ese frondoso árbol del género humano. Por alguna parte, en una rama perdida, relegada y truncada, aparece también el nombre del Hijo de Dios, hecho uno más entre los hombres, Jesús. Realmente como dice san Pablo: Cristo, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz (Fil 2,5)

 

Esta es la realidad que nos quiere recordar la Sábana Santa. Ser cristiano no es adherirse a una doctrina y practicar una moral solamente. Ser cristiano es ante todo ser testigo de la Encarnación y Resurrección de Jesucristo, el Hijo de Dios. ¿Qué significa ser testigo en el mundo de hoy? ¿Qué implica para nuestra vida? ¿Cómo puedo testimoniar la resurrección de Cristo en mi vida?

 

2.      Si Cristo verdaderamente era Dios hecho hombre, ¡cuánto amor y qué grande misterio se oculta en la Encarnación! A veces los hombres de hoy acusamos a Dios de permanecer en silencio ante el mal, la injusticia y el sufrimiento, pero ¿es que realmente Dios permanece distante o indiferente ante nuestra vida? ¿Cristo colgado de la cruz, no nos dice nada?

 

Nuestra inteligencia y nuestra capacidad de comprender no pueden ver a Dios directamente, por eso Él tuvo que adaptarse a nuestro modo de conocer, entrando en el espacio y en el tiempo, pero haciendo así, veló también su misterio, renunció a su Gloria. Todo esto lo hizo para estar más cerca de nosotros. ¿Cómo vamos a desconocerlo, a pasar indiferentes ante este Dios que ha venido a acompañarnos? San Juan dice: Vino a los suyos y los suyos no le reconocieron (Jn 1,11).

 

Muchos hombres estuvieron con Jesús en aquellos años de su vida en la tierra, pero no le reconocieron, muchos se encontraron con Él, le tocaron, pero no descubrieron el insondable misterio que ahí se escondía. No basta ver a Jesús con los ojos ni tocarlo con las manos, sólo quien le tocó con la fe, como la hemorroísa (Mc 5,25), pudo arrancar el milagro, sólo quien lo ve con los ojos de la fe, como los discípulos de Emaús, puede reconocerle: Ellos contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan (Lc 24,35). Con razón Jesús reprochó también a Felipe su falta de fe: Tanto tiempo que estoy con vosotros y ¿todavía no me conoces, Felipe? (Jn 14,9).

 

Del mismo modo la Sábana Santa nos invita a renovar nuestra fe. Ninguna prueba científica, ninguna investigación o razonamiento lógico es suficiente para despertar en nosotros el más pequeño brote de fe. Este lienzo, independientemente de su autenticidad histórica, es un icono viviente de la pasión y muerte de Jesucristo. Más aún es un testimonio mudo, pero elocuente de su resurrección. ¿Como no va a bastar esto para llevarnos a la fe y al amor de Cristo, que todo esto hizo por nosotros? ¿Hasta qué punto ese continuo caminar en la vida mendigando pruebas y elucubrando razocinios no ocultan, en realidad, una cierta incredulidad?

 

3.      Y de la mano de esta última reflexión también cabría preguntarse, ¿sé reconocer a Cristo en mis hermanos? Él quiso identificarse con cada uno de ellos, a través de todos los tiempos y de todos los lugares del mundo: En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis. (Mt 25,40) Cuando Jesús nos invitó a practicar la caridad con nuestro prójimo (Lc 10,30) pensaba también en cada uno de mis hermanos más necesitados. Prójimo es aquel que está próximo a mí, aquel que necesita de mi ayuda.

 

4.      El 24 de mayo de 1998, el Santo Padre visitó La catedral de Turín y ante la imagen de la Sábana Santa pronunció las siguientes palabras: 

 

«La Sábana Santa es una provocación a la inteligencia. Ella reclama el compromiso de todos los hombres y en particular de los investigadores, para captar con humildad el mensaje profundo que envía a su inteligencia. [] Todos los hombres verán tu salvación. Sí, la peregrinación que numerosas multitudes hacen hasta esta ciudad, es justamente un venir a ver este signo trágico y luminoso de la Pasión, que anuncia el amor del Redentor. Este icono de Cristo, abandonado en la condición dramática y solemne de la muerte [] exhorta a ir al corazón del misterio de la vida y de la muerte para descubrir  el mensaje grande y consolador que nos ha sido confiado.»  (Juan Pablo II, Turín , 24 de mayo de 1998)

 

      A la luz de estas palabras podemos preguntarnos: ¿me siento yo portador de un mensaje que está destinado a todos los hombres y mujeres de nuestra época? ¿No será este un mensaje de modo particularmente apropiado para los hombres de hoy, tan exigentes de la base científica de lo que creen?

 

5.      La fe está inscrita en el corazón mismo de todos los hombres. Un anhelo profundo ha acompañado siempre su búsqueda de la verdad y cada uno de sus interrogantes. La Sábana Santa no nos ofrece una respuesta cierta, pero nos ayuda a entrar en el misterio. Después de contemplar la imagen del crucificado en el lienzo, podemos ir al Evangelio y descubrir la verdad del Hijo de Dios que nos habla desde la fe, que nos afirma que todo eso lo hizo por amor. Después de saber, a la luz de las investigaciones sobre la Sábana Santa, todo lo que Cristo sufrió, puedo dejar libre el corazón para experimentar el estupor ante la maravilla de nuestra Redención.

 

El Cardenal Poletto, arzobispo de Turín, donde actualmente se conserva la sagrada reliquia, se preguntaba en una homilía: «No os detengáis en la imagen, falta el paso fundamental: llegar a la persona de Cristo. Para comprender mejor como puede realizarse este paso, viene a nuestro encuentro un texto de San Buenaventura []: si luego quieres saber como suceda esto, interroga la gracia y no la ciencia, el deseo y no el intelecto, el suspiro de la oración y no la codicia de la lectura, el esposo y no el maestro, Dios no el hombre, la niebla y no la claridad, no la luz, sino el fuego que inflama todo el ser y lo abisma en Dios con su suavísima unción y el amor más profundo»

 

Toda estas reflexiones apuntan a fortalecer nuestra fe y a tomas mayor conciencia de nuestra misión como cristianos y testigos de la Resurrección de Cristo en el mundo de hoy.

 

IV. Bibliografía Complementaria

 

Wilson, The mysterious Shroud, Doubleday, NY, 1986

Petrosillo-Marinelli, The enigma of the Shroud, Publisher Enterprises Group, Malta, 1996

Baima Bollone, Sindone o no, Società Editrice Internazionale, Torino, 1990

Vignon, Le saint Suaire de Turin, Masson, París, 1938

Almenar-Garrido, El Sudario del Señor, Universidad de Oviedo, Oviedo, 1994

Pierluigi Baima Bollone, Sindone e scienza, all`inizio del terzo millennio, La Stampa, Torino 2000.

Francesco Barbesino Mario Moroni, Lungo le strade della Sindone, San Paolo, Milano 2000.

Karl Bilmeyer H. Tuechle, Storia della Chiesa voll. I-II, Morcelliana, Brescia 1979.

José luis Carreño Etxeandía s.d.b., La Sábana Santa, Don Bosco- Promesa, México D.F. 1981.

Gino Moretto, Síndone, la guía, Elledici, Leumann (Torino) 1998.

Orazio Petrosillo ed Emanuela Marinelli, La Sindone, un enigma alla prova della scienza, Rizzoli. Milano 1990.

MOns. Giulio Ricci, Via Crucis según la Sábana Santa, Centro Romano di Sindonologia, Roma 1979.

Mons. Giulio Ricci, La Sindone contestata, difesa, spiegata, Collana Emmaus, Roma 1992.

Maria Grazia Siliato, L`Uomo della Sindone, Piemme di Pietro Marietti 1985. Tr. esp. Miguel Angel Velasco, El Hombre de la Sábana Santa, BAC, Madrid 1987.

Manuel Solé S.J., La Sábana Santa de Turín, Mensajero, Bilbao 19883.

 

                                                                                                                                                                                                       
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