Contenido Año Sacerdotal ![]() Testimonios ![]() Preguntas frecuentes ![]() Multimedia ![]() Actividades vocaci... ![]() Camino vocacional ![]() Material Espiritual ![]() Oraciones ![]() Enlaces Adoración por... Contáctanos
Boletín por E-Mail |
| ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Este viernes celebramos la Solemnidad del Sagrado Corazón. Aprovechemos para renovarle nuestra confianza en Él, para consolarle y para decirle que cuenta con nosotros como instrumentos para ayudarle a la redención de los hombres por la que Él ha querido pagar un precio tan alto. Reverendos y queridos hermanos en el sacerdocio: Con ocasión de la tradicional Jornada de oración por la santificación de los sacerdotes, que se celebra en la fiesta del Sacratísimo Corazón de Jesús, quiero recordar la prioridad de la oración con respecto a la acción, en cuanto que de ella depende la eficacia del obrar. De la relación personal de cada uno con el Señor Jesús depende en gran medida la misión de la Iglesia. Por tanto, la misión debe alimentarse con la oración: "Ha llegado el momento de reafirmar la importancia de la oración ante el activismo y el secularismo" (Deus caritas est, 37). No nos cansemos de acudir a su misericordia, de dejarle mirar y curar las llagas dolorosas de nuestro pecado para asombrarnos ante el milagro renovado de nuestra humanidad redimida. Queridos hermanos en el sacerdocio, somos los expertos de la misericordia de Dios en nosotros y, sólo así, sus instrumentos al abrazar, de modo siempre nuevo, la humanidad herida. "Cristo no nos salva de nuestra humanidad, sino a través de ella; no nos salva del mundo, sino que ha venido al mundo para que el mundo se salve por medio de él (cf. Jn 3, 17)" (Mensaje "urbi et orbi", 25 de diciembre de 2006. En segundo lugar, en la insuprimible y profunda sed de él, la dimensión más auténtica de nuestro sacerdocio es la mendicidad: la petición sencilla y continua; se aprende en la oración silenciosa, que siempre ha caracterizado la vida de los santos; hay que pedirla con insistencia. Esta conciencia de la relación con él se ve sometida diariamente a la purificación de la prueba. Cada día caemos de nuevo en la cuenta de que este drama también nos afecta a nosotros, ministros que actuamos in persona Christi capitis. La única medida adecuada, ante nuestra santa vocación, es la radicalidad. Esta entrega total, con plena conciencia de nuestra infidelidad, sólo puede llevarse a cabo como una decisión renovada y orante que luego Cristo realiza día tras día. Incluso el don del celibato sacerdotal se ha de acoger y vivir en esta dimensión de radicalidad y de plena configuración con Cristo. Cualquier otra postura, con respecto a la realidad de la relación con él, corre el peligro de ser ideológica. Esta maternidad, en la que se encarna el rostro amoroso de María, es preciso pedirla en la oración, pues sólo Dios puede suscitarla y sostenerla. No faltan ejemplos admirables en este sentido. Basta pensar en las benéficas lágrimas de santa Mónica por su hijo Agustín, por el cual lloró "más de lo que lloran las madres por la muerte física de sus hijos" (san Agustín, Confesiones III, 11). Otro ejemplo fascinante es el de Eliza Vaughan, la cual dio a luz y encomendó al Señor trece hijos; seis de sus ocho hijos varones se hicieron sacerdotes; y cuatro de sus cinco hijas fueron religiosas. Dado que no es posible ser verdaderamente mendicantes ante Cristo, admirablemente oculto en el misterio eucarístico, sin saber pedir concretamente la ayuda efectiva y la oración de quien él nos pone al lado, no tengamos miedo de encomendarnos a las maternidades que, ciertamente, suscita para nosotros el Espíritu. Santa Teresa del Niño Jesús, consciente de la necesidad extrema de oración por todos los sacerdotes, sobre todo por los tibios, escribe en una carta dirigida a su hermana Celina: "Vivamos por las almas, seamos apóstoles, salvemos sobre todo las almas de los sacerdotes (...). Oremos, suframos por ellos, y, en el último día, Jesús nos lo agradecerá" (Carta 94). Encomendémonos a la intercesión de la Virgen santísima, Reina de los Apóstoles, Madre dulcísima. Contemplemos, con ella, a Cristo en la continua tensión a ser total y radicalmente suyos. Esta es nuestra identidad. Recordemos las palabras del santo cura de Ars, patrono de los párrocos: "Si yo tuviera ya un pie en el cielo y me vinieran a decir que volviera a la tierra para trabajar por la conversión de los pecadores, volvería de buen grado. Y si para ello fuera necesario que permaneciera en la tierra hasta el fin del mundo, levantándome siempre a medianoche, y sufriera como sufro, lo haría de todo corazón" (Frère Athanase, Procès de l'Ordinaire, p. 883). El Señor guíe y proteja a todos y cada uno, de modo especial a los enfermos y a los que sufren, en el constante ofrecimiento de nuestra vida por amor. |
Promover evangelización y cultura católica arraigada en la familia, pide el Papa Benedicto <Aciprensa, Hoy> Examen de conciencia sacerdotal <ForumLibertas, Hoy> Messori, ser católicos hoy <Zenit, Hoy> | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Un apostolado de los Legionarios de Cristo y del Movimiento Regnum Christi al servicio de la Iglesia. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Legionarios de Cristo Movimiento Regnum Christi Contáctanos Copyright 1999-2010, Legion of Christ. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||