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Febrero: El Carnaval Capítulo 3
La fiesta de carnaval estaba a escasas semanas y había llegado el momento de inscribir nuestra compañía. Ya habíamos realizado algunos ensayos. De mí, francamente no se podía esperar mucho. Un pingüino en tierra se movía con mayor seguridad y gracia que yo en el escenario. Lo de la actuación y el baile definitivamente no era mi fuerte. Un día sugerí que me conformaba con el papel de árbol pero como todos se rieron, pensando que era un chiste, opté por no insistir y tomar el papel que me habían asignado. Todos estábamos ilusionados con ganar el premio y nos dábamos cuerda unos a otros. De alguna forma yo presentía que era nuestro año. De esas veces que todo te va saliendo bien. Cada uno ponía lo que estaba de su parte: había que trabajar duro. Ese martes, apenas hubo sonado el timbre de salida en el colegio, nos fuimos directamente a casa de Rafles. La junta era para dejar clara una consigna: prohibido contar la trama de nuestra compañía. Hacerlo sería perder el factor sorpresa. Luis comentó que se estaban velando los nombres de unas compañías y de la nuestra ya se decía algo. - ¡No exageren! arguyó Chagui- ¿qué puede pasar?. Ya todo el mundo se imagina de lo que trata cada compañía -. Ciertamente Chagui tenía ese don de enterarse de todo o, como él decía: de estar bien informado. - Mientras tú sepas guardar silencio y no te madruguen está bien - concluyó Luis. Con el pasar de los días, los ensayos iban siendo más serios y la obra iba tomando cuerpo. Debo reconocer el tesón de Luis y la seriedad con la que tomaba aquello. Yo me pasaba los ensayos jugando y bromeando. Me impresionaba cómo aprovechaba las momentos muertos para insistir en los detalles. Sin que nadie lo nombrara pero con la aprobación tácita de todo el grupo se había erigido en el director de la compañía. Necesitábamos a alguien como él que se hiciera respetar para que no cundiera la anarquía, pero que, al mismo tiempo, supiera mantener motivada y contenta a la gente. Mientras tanto el ambiente se seguía caldeando. Por un lado la publicidad oficial y, por otro, la extraoficial y eficacísima que llamamos chisme, hacían crecer la expectación en todos lados por las presentaciones de ese año. Poco a poco nos fuimos enterando de lo que tenían preparado nuestros contrincantes. Las que pintaban como favoritas eran tres: Sin-bat el marino (saldría Popeye disfrazado de beisbolista buscando un bate de béisbol), La marca del zorrillo y Hockie, Berry y un film. Lo importante en todo esto de las compañías era satirizar lo que fuere pero, como dije antes, al final dejar un mensaje constructivo para los jóvenes. La víspera del evento tuvimos el ensayo final en casa de Rafles. El frontón de esta casa había sido nuestra trinchera de ensayos. Ahí pasamos muchas tardes preparando nuestra compañía en un ambiente extraordinario de camaradería. El día esperado llegó. De los nervios ya quería echarme para atrás. Tato llegó con un Napoleón y dijo que los toreros se quitaban los nervios con una copita. Me sentí torero en ese momento. Lo dejé en una porque Luis paró el asunto con un: - ¡Con calma matador!. En los vestidores o camerinos había un auténtico revuelo. Unos gritaban se estarían sacudiendo los nervios, pienso yo- otros bromeaban, otros estudiaban sus intervenciones, total que cada cual disfrutaba a su manera. A punto de abrir nuestra presentación veía a todos respirar más profundo. - ¿Cómo me veo? - me preguntó Luis. - No te preocupes le respondí- quien está de risa es Chagui -. Se dibujó una sonrisa en su rostro y dio media vuelta. Lo que pasa es que cada equipo que concursa debe estar formado sólo por hombres o por mujeres, así que los papeles de mujeres en los grupos de amigos los tienen que realizar hombres y viceversa. En nuestra representación necesitábamos una patinadora y Chagui asumió casi a empellones el papel. Estábamos seguros de que nos darían unos buenos puntos por la ocurrencia. La mayor sorpresa sería que todos saldríamos sobre patines. Esta sería nuestra novedad: hacer la compañía en patines. El salón lucía espléndido y con un lleno como se esperaba. Yo, que estaba entre bastidores, miraba a través de una rendija y gozaba viendo la reacción de todos los espectadores. De repente se escuchó explotar una carcajada cuando salió Chagui de patinadora. Lo que vino a continuación fue una fiesta. El espectáculo de piruetas sobre patines hizo de nuestra compañía un éxito. El resto de la noche lo pasamos festejando el triunfo en el restaurante del club. No terminaban los brindis. Todos dábamos rienda suelta a la alegría. Pasaron las horas y llegó el momento de regresar a casa. Yo busqué a Luis y me di cuenta de que no estaba en ninguna de las mesas. Me extrañó porque lo había visto festejando, es más, siendo el alma de la fiesta durante un buen rato. Salí a buscarlo. Junto al restaurante había un jardín grande. Allí lo encontré cobijado por la semioscuridad, sentado entre los instrumentos de la orquesta que estaban ya listos para ser trasladados. - ¿Qué pasa, Luis? - pregunté , a la vez que me sentaba junto a un violín. - Nada, nada. - ¿Qué haces aquí?. Ya te enteraste de que ganamos, ¿verdad? -. Bromeé un poco. - Gracias por la información -. Siguió la broma sin muchas ganas. - ¿Por qué te saliste de la fiesta? - La verdad es que ya estaba un poco cansado y me estaba empezando a aturdir tanto grito y tanto ruido, creo que me saturé un poco de festejo. - Eso cuéntaselo a otro. Te conozco bien y seguro que algo pasa. ¿No me lo quieres comentar?. - No es nada, en serio. Tú lo has dicho, a ti no te puedo engañar. Ciertamente llevo unas semanas un poco preocupado. No sé, no me siento satisfecho de nada, me siento como ahogado. Ahora ya ves, hemos ganado, nos lo hemos pasado fenomenal y, sin embargo como que no puedo disfrutarlo del todo. - Déjate de filosofías. Mejor nos vamos. Anda, yo te dejo en tu casa. Esa noche no entendí. Luis no se supo explicar. Y yo, no había experimentado nada que me hiciera sentir como él. Quizá ahora tampoco entiendo del todo. En ese momento no le di importancia a lo que sentía mi amigo. Simplemente pensé que traía una especie de depre y que se le pasaría. Sin embargo, su actitud esa noche me inquietó porque efectivamente llevaba varias semanas con un comportamiento raro, muy pensativo, ausente a ratos, y yo lo había notado. Ahora sé que en esas semanas se empezaba a cocinar un cambio profundo en Luis. Aquí quiero transcribir una página de su diario. El mismo, que como les contaré más adelante, me pidió que le guardara. 28 de febrero Noche de carnaval No sé cómo empezar. De un tiempo para acá, los sentimientos me vienen moliendo, dicen que son cosas de la edad. Seguro pasará. A menos que, a menos que no sea un simple sentimiento... Marco se extrañó de mi conducta. La verdad lo encuentro lógico. Fue una estupenda noche: el triunfo, risas, abrazos, amigos, amigas, baile. ¿Qué más quiero? De hecho lo reflexiono y no puedo decir que me cause un vacío; es más, cualquier farmacia lo vendería como tonificante espiritual. ¡Cuántos jóvenes quisieran tener lo que tengo yo! Lo que pasa es que no sé por qué no puedo detenerme aquí. No sé por qué no me dejo impregnar de ese aroma de triunfo con el cual se embriagan mis amigos,. Yo quisiera saborear más, pero mi corazón no me deja. Esta es la verdad, todo me ha parecido tan poco. Todo duró un grito eufórico y unos cuantos abrazos. No duró más la emoción. Tal parece que mi alma buscase otra cosa, como si quisiera hacer algo más, pero no sé qué. Mi pensamiento parece asustarme un poco o por lo menos sacude algo en mi interior. ¿Qué pasa? Luis María Pasaban los días y Luis seguía pensativo. No sabía qué sucedía con mi amigo. Un día lo encontré solo en la cancha de fútbol del colegio. Estaba refugiado bajo la única sombra que daba a esas horas en las gradas laterales. Doblaba y recortaba en mil pedacitos una hoja de eucalipto. Después tomaba otra. Una rama que se inclinaba sobre la grada le proporcionaba cuantas quisiese. - No lo vas a creer me dijo al acercarme - pero sin proponérmelo, a veces me encuentro reflexionando todavía en la noche de las compañías. - No creo que esté mal - repuse sin argüir más. - ¿Te acuerdas de lo que te dije cuando estábamos en el jardín? - Más o menos -. Fue mi forma de decirle que ni le había entendido ni me gustaría insistir en el tema. - La pasamos muy bien. Y no sólo esa noche. Tengo todo, mi familia, ustedes mis amigos, en el colegio ya ves que no batallo, siempre tengo mil ideas y proyectos. Sin embargo, algo se me queda vacío, algo está faltando. - Pero, bueno yo ya medio desesperado, le pregunté- ¿qué es lo que te falta? ¿A dónde quieres llegar? - Ese es el punto: no sé lo que me falta. No estoy seguro de que eso que para ti está tan claro y es tu proyecto de vida, sea a donde yo quiero llegar en la mía. - Mira no te compliques la vida y vamos a clase. Ya olvídate de eso, acuérdate de la frase del Tolomeo: las respuestas irán llegando. El Tolomeo (así le decíamos al profesor de historia sin pensar que hubiera sido un sobrenombre más adecuado para un profesor de geografía) frecuentemente dejaba a un lado las gestas de los héroes nacionales y se inspiraba hablando con mucha amenidad sobre temas que consideraba formativos para los alumnos. Uno de sus preferidos era el de la juventud que, según decía, es el tiempo de tener muchas preguntas y pocas respuestas. Lo importante en todo joven es no dejar de luchar con honestidad por encontrar respuestas a sus preguntas y no permitir que la sociedad de consumo ahogue sus inquietudes en la mediocridad. Sin embargo, el consuelo que trataba de ofrecer a mi amigo no era suficiente. Hay algunas sintonías del alma que sólo puede captar el que tiene una cierta frecuencia y en ese momento, la frecuencia de mi amigo resultaba indescifrable para mí.
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