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¿La vocación fuera de serie?
Óscar David Jiménez.

 

La vocación sacerdotal es uno de los dones más esplendidos que el Señor ha dado a sus criaturas. Ser llamado por alguien implica una respuesta libre. Iremos al encuentro de otra persona, cuando es consciente y amorosa, pues estamos seguros de que quien llama siente esa total apreciación a la respuesta.

 

En la vida cristiana no faltan tipos de llamados. Cada católico tiene una llamada especial y decisiva en la Iglesia y en la humanidad. Todos formamos un solo cuerpo en Cristo. Cada miembro es importante. Toda vocación cristiana tiene una gran función, que enriquece al cuerpo vivo de Cristo, que es la Iglesia. Sin embargo, lo realmente importante es la santidad en la propia vocación.

 

Por aquí y por allá se ha escuchado que escasean sacerdotes en el occidente, que ya no es opción de vida, que es un desperdicio, que es un esconderse de la vida detrás de una sotana y más aún, que quienes eligen esto, es porque son fracasados en la vida.

 

Pero la cara de la moneda es totalmente distinta del como la han imaginado algunos. La vocación más bella y comprometedora es la vocación sacerdotal o religiosa. Claro que es una renuncia al mundo. Pero una renuncia originada en el amor y en la esperanza, para ganar lo que nos hace realmente felices. Toda elección implica renuncia, por ello, ninguno está exento de la renuncia. Pues así como en el matrimonio auténtico se renuncia, eligiendo a la otra persona y buscando el mayor bien para mi cónyuge, como en lo más práctico de nuestra vida.

 

Dios deposita en sus más amados seguidores el tesoro de la vocación. Somos nosotros quienes en un momento determinado nos abrimos a este regalo, en un momento previsto por la providencia.

 

Encontramos esa llamada al sacerdocio o a la vida consagrada en el íntimo del corazón, ante las respuestas que me puede dar la vida, aún siendo digna y loable, ante una cuestión existencial, pero sobre todo ante el ejemplo de quienes sin miedo y limitación se entregan respondiendo a Cristo incondicionalmente. ¡Cuántos de nosotros hemos apreciado la felicidad de quienes se habían dado totalmente a Dios!

 

Lo más bello y satisfactorio en la vida sacerdotal y religiosa es constatar el cambio que Dios opera en las personas, por medio de nosotros. Cuando constatamos que en lo que creemos en verdad da solución a los reveces de la vida Cuando vemos a una persona serena y con fuerzas para luchar en la amistad con Cristo, se constata ese misterio. Cristo en verdad es alguien a quien podemos amar.

 

¡Cómo podremos olvidar, cuando en la plaza de san Pedro, saturada de jóvenes provenientes de algunas naciones, principalmente de Italia, resonaban las palabras de Giovanni Bosco! Un joven de 20 años que preguntaba al Papa: «Usted nos habla mucho de  no tener miedo a Cristo, pero, ¿cómo se puede entender esto? ¿Cómo decidió ser sacerdote? ¿Puede darnos consejos para comprender mejor si el Señor nos llama a seguirlo en la vida consagrada o sacerdotal  y como perseverar en esto?».

 

El Santo Padre, con su sencillez remoledora, hizo resonar la plaza de aplausos. Los ojos de los jóvenes estaban puestos en el Papa, quien explicaba con total apertura los pasos decisivos en su vocación.

 

El Papa Benedicto ha comentado que quizá las circunstancias de su juventud son distintas a las actuales. La juventud de Joseph Ratzinger estuvo llena de esperanza, sufrimiento y amor por parte de sus padres, personas sencillas, honestas, y muy religiosas, y también por sus dos hermanos. Pero en menor grado, estuvo marcada por la presunción idolátrica nazista, que osaba no dar lugar al sacerdocio y a la auténtica vida humana y cristiana. Ciertamente, fueron momentos difíciles. Él mismo confiesa que ante aquella postura: «En la nueva Alemania no habrá más espacio para vida consagrada, no tenemos necesidad de esta gente; buscaros otra profesión». Ante tal opresivo imperativo anticristiano y deshumano, el joven Joseph fue escuchando la voz de Dios que le invitaba a ser de sus seguidores.

 

Bajo dos rieles nuestro querido Papa maduró en su vocación: la belleza de la liturgia y el profundo estudio sobre Dios. Ambos elementos fueron decisivos en su vocación. El Papa confiesa que la orientación y ayuda de sus padres, párroco y amigos fue muy importante, pero lo más radical siempre fue su respuesta incondicional a Cristo.

 

Ninguno que se haya atrevido a asumir la invitación de Cristo le han faltado dificultades. El camino vocacional siempre muestra dificultades que a veces nos parecen insuperables y a veces nimias. Benedicto XVI sorprende cuando revela que también él tuvo dificultades. Pues el celibato, el mismo estudio de la teología, las posibles posturas intelectuales unilaterales, la apertura y disponibilidad a los demás fueron en ciertos momentos sus cruces o reveces en la vocación. Afortunadamente también tuvo la misma solución, como todos los que ya estamos dentro de esta apasionante vida: Cristo que en verdad habla dirigiendo nuestras vidas, y el apoyo y compañía de auténticos amigos, sacerdotes y profesores.

 

Finalmente el Papa nos daba tres secretos que podemos observar en nuestra vida si tenemos ese íntimo llamado de Dios. Primeramente debemos estar atentos a los modos como nos habla el Señor. Puede hablarnos por medio de eventos sencillos, a través de personas. El segundo es tener una amistad con Cristo. No basta saber de Jesús por medio de otros o de libros. ¡No! Sino de propia experiencia. Todo esto sucede cuando acudimos a los sacramentos y vivimos una vida atenta a los demás. El tercero es considerar mi condición de creatura de Dios y mis posibilidades para responder a Dios. Pues requerimos fuerza, humildad, confianza y apertura a este llamado.

 

Benedicto nos da su mayor testimonio: «la vocación resulta siempre una gran aventura, pero la vida puede reentrar solo si tenemos el coraje de la aventura y la fe de que el Señor no me abandonará jamás, sino que me acompañará y me auxiliará». 

 

                                                                                                                                                                                                       
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