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Encontré un libro sobre la vocación y lo leí sin parar Llegué al candidatado al día siguiente de mi fiesta de graduación a eso de las seis de la tarde. Me gustó la vida que se llevaba, tan alegre, caritativa y llena de servicio.
El P. Juan Carlos Cortés Leal, L.C. nació en Guadalajara el 14 de agosto de 1975. Ingresó a la Legión de Cristo en 1994. Realizó su noviciado en Gozzano, Italia. Cursó sus estudios de humanidades clásicas en Salamanca, España. Estudió filosofía en Nueva York, Estados Unidos y su teología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, en Roma. Ha trabajado en la formación de jóvenes en México y en Brasil. Ha colaborado también en la promoción vocacional en México. Actualmente trabaja como capellán de un colegio en Saltillo, México y este es su testimonio vocacional. **** Nací el 14 de agosto de 1975 en Guadalajara. Ese mismo día fui bautizado. Soy el mayor de todos mis primos varones. Mi único hermano, Alejandro, nació casi cuatro años después de mí. Mi niñez fue muy feliz. Mis papás me han dado buen ejemplo siempre. Mi mamá es ama de casa. Vivimos un año en Houston, para que mi papá terminara un doctorado y luego volvimos a Guadalajara. Nos exigían en lo importante y para lo demás nos daban libertad. Nos organizaban muchos juegos y actividades, junto a mis primos o vecinos. Vivíamos la fe con intensidad, rezábamos e íbamos a misa. Mi mamá se ha formado en la fe, reza y hace obras de caridad cristiana y de apostolado. De niño me gustaban mucho los campamentos y actividades; y me aburrían los rezos largos. Nunca pensé que yo fuera a ser sacerdote. Mi secundaria y primaria las estudié en el mismo colegio. Aprendí a ser tolerante con los demás, a exigir respeto por la propia libertad y a crearme un criterio independiente. Tenía compañeros de otras nacionalidades y de formas de ver la vida, distintas a la de mi familia: ateos, un agnóstico, de otras religiones. Estudié mi preparatoria en dos lugares: Mi primer año lo
Fue así que entré por primera vez en un colegio católico. Esos dos años los viví buscando divertirme lo más posible y a toda costa. Mis aficiones favoritas fueron el rappelling y la bicicleta de montaña. En esa época lo que más me gustaba de la vida era que llegara el fin de semana y la vida social. Pero ninguna satisfacción humana, ni éxito, ni placer fue capaz de darme la felicidad que yo buscaba. Comencé a descuidar mi rendimiento académico y experimentaba hastío por lo espiritual. Me volví muy crítico ante las enseñanzas de la Iglesia católica. No rezaba y perdí todo interés por la práctica religiosa. Tenía fe, pero la consideraba más una desgracia que un don. En 1993, fuimos en familia a pasar la Semana Santa en un monasterio trapense en Jacona, Michoacán. Conocí monjes que habían sido gente humanamente exitosa y con medios; y ahora vivían ahí en silencio, rezando incluso de noche, trabajando la tierra; y eran profundamente felices. Ahí me confesé después de mucho tiempo sin hacerlo, y decidí regresar a Dios. Una tarde de febrero de 1994, encontré en mi casa un libro sobre la vocación y lo leí todo de una vez. Justo al día siguiente conocí por primera vez a un padre legionario de Cristo, que nos dio una charla en el colegio. Me impactó su porte externo, su convicción y el hecho de dejar de hablar conmigo unos instantes para hacer una genuflexión al entrar en
Quise conocer más sobre la Legión de Cristo, aunque dudaba que yo pudiera tener vocación. Participé en una convivencia vocacional durante la Semana Santa y conocí legionarios de una estupenda formación humana, con horizontes amplios, y muy congruentes. Eran católicos sin medias tintas. Percibí la vocación legionaria como algo muy hermoso como para que me pudiera tocar a mí. Comencé a ir a platicar con ese padre en orientación espiritual. Además comencé a frecuentar las actividades del Movimiento Regnum Christi. Me convenció el testimonio de jóvenes muy líderes y al mismo tiempo católicos al 100%. Me inscribí en la universidad para estudiar ingeniería civil; luego estudiaría arquitectura. Mi plan para el futuro era abrir una constructora. Pero ese mismo verano decidí ir al candidatado de la Legión de Cristo antes de entrar a la universidad. Quería aprovechar el verano en algo que me acercara a Dios. Pensaba que lo más posible era que los padres me dijeran que esa no era mi vocación. Llegué al candidatado al día siguiente de mi fiesta de graduación a eso de las seis de la tarde. Me gustó la vida que se llevaba, tan alegre, caritativa y llena de servicio. A los padres les parecía que no me faltaban las cualidades necesarias para ser legionario de Cristo y yo
Después de poco más de un mes, nos fuimos a Monterrey a continuar el candidatado. Yo entonces vislumbraba la llamada de Dios sólo como una posibilidad, sin tener una certeza absoluta de mi misión en la vida. Tenía un gran deseo de que ojalá esta fuera mi vocación, pero no sabía descifrar esos indicios por mí mismo, y dejé que los padres me fueran ayudando. Decidí ingresar en septiembre al noviciado, que es la universidad donde se estudia a Cristo. Recibí mi sotana y pocos días después, me fui a Italia para continuar ahí mi noviciado. Un lugar muy sugestivo, cerca de los Alpes suizos. El ambiente era de alegría y formalidad. Fueron años de mucha espiritualidad para conocer, amar e imitar a Cristo y discernir la propia vocación. Ahí aprendí el espíritu y la vida legionaria. En noviembre de ese mismo año fuimos todos los novicios a México, para acompañar a nuestro padre Fundador en sus 50 años de ordenación sacerdotal. Ahí pude ver cuánto puede llegar a hacer Dios a través de un alma que se le presta sin regateos. Pasaron dos años, y emití mis votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia. Dije a Cristo: En tu nombre echaré las redes. Estudié humanidades clásicas en Salamanca, España. Me dedicaba a las clases y a los estudios de oratoria, estilo, arte, historia, literatura, latín y griego. También dediqué algunos momentos al trabajo pastoral con adolescentes en varias provincias del norte de España. Durante ese año experimenté algunas dificultades y pruebas interiores en relación a consagrar mi vida para siempre o no, pero eso me fortaleció en mi decisión de seguir a Cristo. Fui de la primera generación que estudió filosofía en el centro de formación de la Legión de Cristo en Nueva York, Estados Unidos. La filosofía me ayudó a tener una estructura mental sólida y a juzgar de modo más agudo y
Realicé mis prácticas apostólicas en Guanajuato y Guadalajara, México, colaborando en la formación de jóvenes y ayudando en la promoción vocacional de la Legión. También trabajé en Río de Janeiro con jóvenes. Después regresé a Roma, para estudiar teología. Fui ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 2006 en Roma en la Basílica de Santa María Mayor y diácono el 3 de junio del mismo año, en la Basílica de San Pablo Extramuros. Celebré mi primera misa en las catacumbas de san Calixto, en Roma. De regreso a México, mi primera misa fue en la villa de Guadalupe en la Ciudad de México, el 10 de enero de 2007. |
Marco Antonio pregunta:
Los jóvenes de hoy no están contra la Iglesia: simplemente no la conocen <Zenit, Lunes> Gran expectación en Japón por la beatificación de 188 mártires <Zenit, Noviembre 24> Accessible y multifuncional, la nueva librería del Vaticano <Zenit, Noviembre 19> | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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