Querido Jorge,
La lengua oficial de la Iglesia es el latín. Por ello, siempre se ha recomendado el estudio de esta lengua para los aspirantes al sacerdocio. Ahora bien, no se trata de un requisito indispensable.
Sin embargo, en su exhortación apostólica Sacramentum Caritatis el Papa Benedicto XVI pide que todos los sacerdotes sean capaces de celebrar la misa utilizando como lengua el latín, pues es lo más apropiado para celebraciones en las que participan personas de muchas lenguas diversas.
Por otra parte, el latín permite el acceso directo a muchas de las obras de los grandes teólogos y filósofos desde la edad media e incluso del s.XIX. Nunca es lo mismo leer una traducción que el original, y por eso es tan útil como herramienta para conocer más a fondo la historia, pensamiento y culturas occidentales.
Finalmente, el latín ayuda a construir una sólida estructura mental y, para un sacerdote -y realmente para cualquier persona- puede ser una riqueza muy grande de cara a su formación intelectual y humana.
Por lo tanto, estrictamente hablando, el latín no es un requisito para ser sacerdote, pero la Iglesia lo recomienda mucho y ofrece cursos de latín a sus seminaristas. Incluso para quien no está llamado al sacerdocio, esta lengua puede darle un gran sentido de unidad pues trasciende todas las culturas y así todos, como Iglesia, con una única voz, podemos orar juntos, como el único Cuerpo de Cristo, especialmente en la liturgia. |