Muy querido Rodrigo,
Me parece una cosa muy positiva que experimentes lo que me escribes en tu nota. En primer lugar quiere decir que eres un muchacho normal, segundo, que buscas vivir una vida cristiana como Dios la pensó, y en tercer lugar, que tienes los ojos bien abiertos y te das cuenta de lo que una llamada de Dios puede implicar.
Si Dios te llama a ser sacerdote no se reprime ni suprime la atracción del hombre pro la mujer que Dios ha puesto en nuestros corazones. No somos célibes porque Dios nos haya, de alguna manera, quitado nuestra sexualidad y luego nos llama Más bien el celibato es un don que ofrecemos a Dios cada día. Es algo que cuidamos y que es una expresión de nuestro amor.
La premisa para el celibato y la castidad la dio Cristo en el evangelio: para el hombre es imposible, pero no hay nada imposible para Dios. ¿Qué tiene que hacer un hombre débil y frágil para ser fiel a esta llamada y este don de Dios?
En primer lugar, reza. Aquí es donde se cambia el corazón del hombre.
Después, aprende a valorar el don del celibato y de la castidad por el Reino de los cielos (por medio de la lectura, la reflexión personal, de lo que los santos nos cuentan de sus experiencias personales).
Se purifica a sí mismo resistiendo las tentaciones con la ayuda de Dios.
Tiene un director espiritual con quien es abierto, confiado y transparente.
Le da al matrimonio y al plan de Dios sobre el hombre y la mujer el lugar que le corresponde: no muestra su amor a Dios renunciando a algo mal, sino más bien ofreciéndole la renuncia a algo muy bueno.
Evita las circunstancias y situaciones que podrían acentuar su propia debilidad (medios de comunicación, ciertas páginas de Internet, ciertas amistades)
Se asegura de que lleva una vida sana, tanto física como psicológica y espiritualmente.
Encuentra apoyo en sus compañeros de ideal.
Usa bien su tiempo.
Como puedes ver, el celibato no es algo que debemos resistir o soportar sino algo que entregamos. El celibato, por su parte, nos da gran alegría y libertad y es la fuente de muchas bendiciones de Dios para el apostolado del sacerdote. Y además, si esto fuera poco, le muestra a la gente que eres sacerdote para ellos, no para ti mismo. Que Dios te bendiga.
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