Estimada en Cristo, Margarita,
Entiendo que tu situación de experimentar la aparente lejanía de Dios puede ser muy dolorosa. Pero recuerda que tenemos que distinguir entre lo que sentimos y las cosas que conocemos y queremos. Los sentimientos realmente no dependen mucho de nosotros: brotan espontáneos. En cambio, nosotros podemos optar por algo o por alguien ejerciendo nuestra libertad.
La experiencia por la que pasas es común. Dios es muy buen pedagogo y no quiere que nos apeguemos a sus dones, sino que sólo Él sea nuestro tesoro. Por ello, a veces conquista al alma con consuelos esprituales en la oración, pero luego, para hacerla madurar en el amor, le quita estos "caramelos espirituales" para que siga caminando por Dios y no por los caramelos.
¿Qué hacer en esta situación? No seguir a los sentimientos, que son engañosos, sino esperar a que haya serenidad espiritual y, entonces sí, sin condicionamientos, ejercer nuestra libertad y optar por la voluntad de Dios, sea cual fuere. En tiempos de tormenta nunca es bueno cambiarse de barco: tú tampoco te cambies de la decisión tomada hasta no estar en una actitud de paz y serenidad.
Por otra parte, Dios sabe qué es lo que más te conviene. Por ello, pídele que, si es lo que te hace un mayor bien y te permitirá amarlo más a Él, que te quite la sequedad. Y si lo que más necesitas es la sequedad, pídele incluso que te mantnga en ella y te sostenga con su gracia.
Con esa actitud, y la cercanía de tu confesor o director espiritul, podrás pasar esta prueba. Una cosa sí puedes tener cierta: el que es generoso, nunca se equivoca. |