Muy estimada Sara,
La respuesta exacta a tu pregunta varía mucho entre una congregación y otra. Hay algunas que dejan estas decisiones a cada religiosa, pero no son la mayoría.
La esencia del voto de obediencia es ponerse en las manos de Dios para hacer su voluntad en todo momento, llena de confianza en Él, que es nuestro Padre y nos ama profundamente. Normalmente la voluntad de Dios para una religiosa no se manifiesta tanto en sus gustos o en sus preferencias, sino en la regla y estilo de vida que Dios inspiró al fundador o fundadora de su comunidad y que han sido aprobado y reconocidos por la Iglesia. Por ello, un alma consagrada debe ocuparse más de asimiliar y vivir el estilo de vida de su congregación que de cumplir sus gustos y planes personales que pudieran estar al margen del querer de Dios para ella.
También, cuando entras a una comunidad, asumes una serie de responsabilidades en relación con otras personas en la Iglesia. Esos compromisos son estables, pues las personas que los reciben cuentan con ellos: cuidar enfermos en un hospital, enseñar a los niños, animar la vida de la parroquia, evangelizar como misionera... y por lo tanto, no puede depender el cumplimiento de cómo me siento y si me apetece o no. Esto no es una especie de "tortura" para los religiosos, sino que es algo común a toda persona madura que ha tomado opciones definitivas, como puede ser una madre de familia con la obligación de atender a sus hijos aún cuando esté cansada siempre que la necesiten.
Esto no quita que pueda y deba haber una sinceridad y apertura con los propios superiores para manifestarle las propias preferencias, la situación por la que uno atraviesa, etc. Hay ocasiones en los que un cambio es bueno y necesario, pero la obediencia es querer lo que Dios quiere. A veces su voluntad coincidirá con la nuestra, y eso hace más fácil la obediencia, pero a veces puede querer algo radicalmente diverso. Lo importante en ambos casos es obedecer por amor y con alegría, seguros de que en sus manos estamos en el mejor lugar, que no nos consagramos a hacer cosas, sino a la Persona de Cristo y a servir a nuestros hermanos por amor a Él.
Te encomiendo mucho, |