Muy querido Fernando,
Su pregunta refleja de manera muy hermosa cómo la gracia de Dios puede actuar en las almas. Sin duda es obra suya la claridad tan notable con la que su hija percibe una llamada, sin dejar la inocencia y sencillez de una vida que todavía no deja la niñez del todo. También es obra suya ese deseo que hay en Ud. de respetar su acción, de secundarla y, también, del influjo negativo que puede estar teniendo el materialismo en su vida y en el los suyos.
Antes que otra cosa, conviene que se pregunte por el camino por el que Dios lo lleva a Ud. Por lo que me dice, está cumpliendo con sus obligaciones normales de católico y padre de familia, pero entre líneas se ve también que percibe que quizás falta algo. Sea lo que sea, parece que Dios quiere darle un pequeño empujón en esa dirección.
Para su hija, es muy importante percibir a su padre verdaderamente comprometido con Cristo. Por otra parte, su cercanía e intimidad con el Señor le harán más sensible a la acción de Dios en su alma y en el de su hija y le permitirán orientarla según el querer del Señor.
Quisiera aclarar algunas cosas: Dios puede dar la gracia de percibir la propia vocación en cualquier edad. Como padre de familia católico, Ud. está llamado a atender a las necesidades espirituales de su hija al menos tanto como hace de las necesidades materiales; a proteger su salud espiritual incluso más que su saludo corporal. Así como trabaja para darle a su familia todo lo que necesita en el orden material e incluso darles ciertas comodidades, rece e incremente su vida cristiana para ganarles las gracias para que puedan conocer y amar más a Jesucristo. Ya les está dando un buen ejemplo en el modo de vivir su matrimonio cristiano. Si su hija está siendo llamada a ser monja, es muy importante que tenga una visión clara de lo que es un matrimonio cristiano, y reconocer su bondad como un don de Dios que lleva a Dios; ésta será una ayuda de valor incalculable para entender su propia vocación a amar a Cristo de manera exclusiva y total como esposa suya.
Ayude y aliente la vida de oración de su hija, su percepción del amor y la bondad de Dios. Déle las oportunidades que necesita para conocer y desarrollar su inteligencia, formar su carácter permítale incrementar sus actos de servicio y apostolado. Invítela a leer más sobre la madre Teresa si ella siente la inclinación en ese sentido, y a conocer las vidas de los santos. Conforme se desarrolla en ella el período de la adolescencia, cuide que su inteligencia, voluntad, corazón y fe se desarrollan de manera armoniosa. Personalmente no creo que sea demasiado pronto a los doce años para que conozca de cerca la vida de las religiosas. Quizás una visita familiar a un lugar en donde ellas trabajan podría ayudar mucho.
Cuente con mis oraciones, |