Alejandro,
Te encuentras en un momento muy importante de tu vida en el que hay que tomar decisiones con consecuencias no indiferentes para tu vida. Por una parte, la recomendación de tus padres es, efectivamente, una propuesta prudente desde el punto de vista humano y, por lo tanto, no puedes simplemente ignorarla de un plumazo. Por otra, la insistencia del llamado y el deseo de tu corazón de irte al seminario tampoco son algo pasajero, pues tú mismo mencionas su fuerza y, por lo tanto, también hay que tomar esto en consideración.
En primer lugar, ten presente que como seminarista también harás estudios universitarios. Ciertamente no será en el campo de la ingeniería civil, sino más bien en el ámbito de la filosofía, la teología y las humanidades, pero estudios universitarios al fin y al cabo. Sí sería conveniente que hablaras con el promotor vocacional de la diócesis o de la congregación a la que piensas entrar para asegurarte de que efectivamente es así.
En segundo lugar, creo que es muy necesario que le des un poco más de sustancia a este sentimiento del lamado. Los sentimientos no son muy de fiar: varían por las cosas más insospechadas, como puede ser el clima, un encuentro, un dolor de muelas, una tentación, una visita a la capilla, un retiro... Por ello, hay que analizar en la oración estos sentimientos para ver de dónde vienen, cuándo se presentan con mayor vehemencia y a qué se debe esto. Puede ser que te cueste un poco aprender a distinguir entre los sentimientos emocionales y lo que podríamos llamar sentimientos espirituales o corazonadas. Los primeros son más explosivos y volátiles, se apagan casi tan rápidamente como vienen. Los segundos, en cambio, tienen una vida mucho más larga y son indicadores buenos de lo que Dios va obrando en tu alma. Por ejemplo, un sentimento espiritual es lo que experimentas cuando ves personas que necesitan a Dios, que sufren y te brota del corazón un deseo de ayudar y te preguntas cómo hacerlo. Un sentimiento sólo emotivo sería derramar unas cuantas lágrimas por el sufrimiento de estas personas sin mayores consecuencias. Este discernimiento puede ser a veces difícil, y por ello quieres a toda costa contar con el apoyode un director espiritual que te conozca y oriente.
Por encima de todo esto, analiza cuáles son los motivos por los que crees que Dios te llama al sacerdocio. Entre más centrados estén en Cristo y los demás, más probabilidad hay de que sea un auténtico llamado. Por otra parte, pregúntate también si no hay algo que indique que Dios no quiere que seas sacerdote (esto se suele llamar un impedimento). De nuevo la ayuda del director espiritual es vital.
Y además, reza. Cultiva tu vida de oración. Habla con el Señor del plan que Él te propone. Pídel la gracia de ser generoso y responder con autenticidad al llamado de Dios y estar dispuesto a abrazar las cruces que acompañan la vocación sacerdotal.
Como vez, la pregunta correcta no es elegir entre seguir tu cabeza o tu corazón, sino de usar ambos a fondo, abriendo tu mente a la luz de la fe y tu corazón a las insinuaciones y reclamos de la gracia, que son siempre reclamos de amor a Dios y a los hombres tan necesitados.
Cuenta con mis oraciones, |