Muy querido Darío,
Felicidades por tu madurez para afrontar tu vocación y también por tu prudencia. Tienes toda la razón al decir que la vocación es un tema delicado que conviene tratar con quienes realmente pueden orientarte y ayudarte a seguirla, sea cual fuere ésta.
Creo que es una actitud correcta el no hablar de la vocación con todos ni pregonarlo a los cuatro vientos, sobre todo si falta aún algo de tiempo para que puedas ingresar al seminario. Como dices, habrá personas que te feliciten y te animen, pero también habrá quienes no entiendan este regalo que el Señor te hace y quizás quieran disuadirte de seguirlo, darte malos consejos, e incluso tratar de ponerte trabas o pruebas.
Ahora bien, creo que al llamarte a ser sacerdote, el Señor quiere que seas también un apóstol. Por ello, puede ser bueno, si así te lo aconseja tu director espiritual, que hables con algunos amigos para confiarles esta inquietud que tú tienes y tu decisión, sobre todo si crees que a ellos les puede ayudar en su vida cristiana e incluso a descubrir una posible vocación. Es un poco lo que hizo Andrés, el apóstol, con su hermano Pedro: le contó que había encontrado al Mesías, lo lleva con Cristo, y Pedro se queda con el Señor para siempre.
Los anuncios espectaculares no creo que convengan. Pero sí parece prudente que no simplemente desparezcas, sino que avises a tus amigos más íntimos de tu decisión ya que falte poco tiempo para irte al seminario o incluso después de haber sido admitido.
Pide mucho a María que te conserve la ilusión por tu vocación y te ayude a seguir siendo un hombre prudente, que pueda ayudar a muchas almas a encontrar a Cristo. |