Muy estimado Juan Antonio,
No cabe duda que en nuestra sociedad, acostumbrada a resultados deslumbrantes e inmediatos, la oración pueda parecer una pérdida de tiempo. Sin embargo, quizás lo que nos falta realmente, es más fe en el poder de la oración. El enemigo de nuestras almas y de nuestra alegría sí cree en el valor de la oración, y por eso se empeña por todos los medios posibles en alejarnos de ella y hacernos creer que es una pérdida de tiempo. Y sin embargo, es, quizás, la mejor inversión.
Ahora bien, no es lo mismo decir rezos que orar. La oración vocal (repetir una fórmula) es muy buena y necesaria, pero no es el único tipo de oración que debemos hacer. Además, para que sea de verdad oración, hay que procurar que haya sintonía entre las palabras y el corazón, pues no es una fórmula mágica o un mantra, sino el inicio de un diálogo con Dios.
Tú me dices que repites las oraciones una y otra vez, pero quizás te está faltando dar el siguiente paso: no se trata sólo de hablar, sino también de darle a Dios tiempo de expresar su voluntad y tú escuchar atentamente con la fe y con el corazón.
Esa sequedad que experimentas en la oración puede ser señal de que Cristo quiere introducirte en una oración más personal, más vital, que sea de corazón a Corazón. Por ello, aunque uses las oraciones vocales y las novenas, que éstas sean una rampa de lanzamiento para que puedas dialogar con el Señor, con María, hablando de lo que os interesa a ambos: las almas, la Iglesia, los pobres, los que sufren, el que Cristo sea más amado...
Sólo en la medida en que te abandones en la oración a escuchar lo que Dios quiera y le permitas decir lo que Él quiera, irás avanzando por este camino.
Te recomiendo mucho que leas la parte del catecismo sobre la oración, pues te puede ilustrar mucho a este respecto. También tu párroco, o un sacerdote o religioso pueden ayudarte por el camino de la oración. También puedes encontrar en Internet, por ejemplo en www.es.catholic.net, buenos subsidios y ayudas para orar.
Cuenta con mis oraciones y, por favor, no dejes de encomendar en las tuyas a todos los que están buscando lo que Dios quiere de ellos para hacerlos plenamente felices en su servicio. |