Muy querido Juan Manuel,
Efectivamente la palabra vocación viene del latín vocare, que quiere decir llamar. Pero es un llamado que tiene un mucho de misterio: misterio de amor de un Dios que llama a un hombre para que le responda libremente y por amor. Es un misterio, porque podría llamar a personas mejores, pero Él tiene la iniciativa siempre, porque quiere que sus hijos sean felices y así les propone un camino para lograrlo.
La vocación es el llamado que Dios hace a una determinada persona a seguirle. Este llamado es una predilección amorosa de Dios, que elige a unos cuantos a ayudarle de manera especial en la misión de extender su mensaje hasta el último confín del mundo. Todos los católicos estamos llamados a ser santos y ser apóstoles, pero hay algunos que Dios ama tanto que los quiere sólo para sí. Uno se puede asustar ante tanto amor, porque es indigno y pequeño, pero Dios sabe a quién escoge y sabe lo que hay en el corazón de cada hombre, y así, llama porque ama mucho.
Por lo tanto, Juan Manuel, te invitaría a dejar a Dios hablar en tu corazón y que le digas que estás dispuesto a darle lo que Él te pida... Para poder discernir mejor qué es lo que sientes y qué es lo que el Señor te propone, te recomiendo que te acerques más a los sacramentos de la Eucaristía y de la confesión, para que esa llamada se haga más clara y te dé el Espíritu Santo la fe y la fortaleza para responder con un sí valiente: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha».
No tengas miedo. Cristo no quita nada y lo da todo, como nos dice el Papa Benedicto XVI.
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