Querido don Guillermo,
Gracias muy sentidas por el recuerdo en la Eucaristía. Ése es el don más grande que el Señor nos ha dejado y lo más grande que podemos hacer los hombres para dar gloria a Dios y trabajar para la salvación de las almas.
Lo felicito por su interés por la promoción vocacional. Es algo inherente a nuestra vocación sacerdotal. Tan claro lo ven los santos que, se dice, que san Rafael Guízar y Valencia, obispo de Veracruz (México) prohibió a sus sacerdotes morir si no habían conseguido al menos un sustituto... No sé si la anécdota es cierta o no, pero al menos es muy elocuente.
No existen fórmulas mágicas para la promoción vocacional. Pero sin duda pasa, por una parte, por la oración y el sacrificio, por la predicación en la que se hable claramente del sacerdocio como una vocación hermosa, de predilección, y en la atención personal en la dirección espiritual y en los sacramentos a los chicos en los que podría alentar el llamado.
Hoy, precisamente, he encontrado un "decálogo de la promoción vocacional" que publicó el obispo de Jérez (España) con ocasión del día del seminario del año 2007. Creo que tiene intuiciones muy válidas y puede econtrarlas en este enlace.
Sobre todo, fomente la devoción eucarística, la vida de oración y el contacto personal de los niños y adolescentes con Jesús. También si ellos ven en Ud. la alegría y la coherencia de una vida sacerdotal que tiende a la santidad, que refleja la caridad del Buen Pastor, que hace que don Guillermo desaparezca y aparezca Cristo, entonces podrán preguntarse: ¿no será que también a mí el Señor me llama? |